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Prospectiva (Libro Hacia un humanismo laico)

Prospectiva (Libro Hacia un humanismo laico)

Eduardo Jara Miranda

Este trabajo tiene por objeto entregar un marco global de esta disciplina que servirá de punto de referencia permanente en nuestro programa de trabajos. Como lo señalamos en la primera reunión del grupo de Maestros que decidió constituir una Logia en instancia con el nombre distintivo de Marco Bontá Costa, el propósito era centrar su trabajo en la idea de futuro, esto es, indagar lo que nos depara el porvenir en cada una de las materias que son de nuestro interés. Se trata de entregar un panorama general de este arte o ciencia que nos permita precisar su concepto y conocer los antecedentes de su formación, como asimismo, sus principales inspiradores.

Permitidme que inicie este trabajo con un auto referencia. En el mes de mayo de 1988 presenté en la Logia Cóndor N°9 un trabajo que titulé Los Desafíos del Siglo XXI en que, por primera vez, se presentó en Logia en forma de video, previamente grabado. Tenía por finalidad llamar la atención a los hermanos acerca del cambio que implicaría en nuestras Sociedades las nuevas tecnologías que estaban apareciendo en el mundo. Cité, al efecto, a Alvin Toffler, autor, entre otros libros, “El shock del Futuro” y “La Tercera Ola”, que decía “La nueva civilización que está haciendo irrupción entre nosotros es tan profundamente revolucionaria, que constituye un reto a todo lo que hasta ahora dábamos por sentado.

Las viejas formas de pensar, las viejas fórmulas, dogmas e ideologías por estimadas o útiles que no hayan sido en el pasado que no se adecuan ya a los hechos. El mundo que está rápidamente emergiendo del choque de nuevos valores y tecnologías, nuevas relaciones geopolíticas, nuevos estilos de vida y modos de comunicación, exige ideas y analogías, clasificaciones y conceptos completamente nuevos. No podemos encerrar el mundo embrionario de mañana en los cubículos convencionales de ayer. Y tampoco son apropiadas las actitudes o posturas ortodoxas”. Hasta ahí la cita tomada del libro (“La Tercera Ola”, Plaza Janés 1980, Pág. 12). Se trataba, más que hacer un recuento de las novedades que en materia tecnológica nos ofrecía el mercado, analizar el impacto que esas tecnologías tienen en las sociedades, en las instituciones, en las familias y en el individuo y, por tratarse de un trabajo masónico, indagar acerca del rol de la Orden en la sociedad del futuro. La forma en que conciliaría las tradiciones propias de su doctrina con las transformaciones que irrumpen extra muros. Esta reflexión sigue siendo válida veinte años después, ya que, una de las enseñanzas que nos depara el transcurso de estos años es que el progreso, concepto que uso en forma provisoria, va mucho más rápido que lo que imaginamos. Basta comparar lo que era nuestra sociedad hace veinte años y lo que es ahora. Es nuestro deber, por consiguiente, estar permanente atento, a este desarrollo de nuestra sociedad y a los distintos fenómenos que a ello van asociados. Sin embargo, ello debe hacerse en forma seria y sistemática, recurriendo a aquellos hermanos que están en mejores condiciones de ilustrarnos acerca de las distintas facetas que nos muestra el tema que analizaremos. En resumen, este es nuestro propósito y nada mejor que comenzar por formarnos un concepto de la prospectiva y las herramientas que nos entrega para avizorar el futuro.

Conocer el futuro, aspiración de siempre

Desde siempre, el hombre se ha preocupado de conocer o adivinar su futuro, utilizando métodos de predicción como el horóscopo, el oráculo y otros que presentaban el futuro como algo determinado por una fuerza superior, sin posibilidad de que influyera con su voluntad a cambiar el curso de la historia. Esta postura ha sido superada en gran parte, por la civilización, aun cuando subsisten algunas culturas deterministas. El estudio del futuro nace de la inseguridad del hombre frente al devenir. Desde antiguo conocemos la manera como los gobernantes y dirigentes buscaban el auxilio de hechiceros, astrólogos o augures para tomar sus decisiones. Con el devenir de la civilización, esa necesidad se encausa hacia la práctica de estudios sistemáticos sobre el futuro, con el objeto de aportar al proceso de toma de decisiones, información útil que permita disminuir los márgenes de error al tener que considerar situaciones inciertas en el mediano y largo plazo. Como masones, nuestra actitud frente al futuro es proactiva, es decir no esperamos que las cosas ocurran, sino actuamos, o deberíamos actuar, con iniciativa y voluntad. La prospectiva no consiste en predecir la ocurrencia o no de un determinado fenómeno sino que más bien, estudia las fuerzas que impulsan el cambio, de modo que sea posible identificar las variables susceptibles de control con el propósito de evitar sorpresas y reducir la incertidumbre, característica principal de la planificación a largo plazo.

El enfoque prospectivo

El enfoque prospectivo se fundamenta en el largo plazo, lo que supone la visión de un futuro deseado, en el que el pasado, el presente y el futuro, contribuyan en conjunto al proceso de planificación. Se trata de observar globalmente una situación, evaluar sus posibilidades de evolución e identificar los medios para su transformación y permanencia en el tiempo. La prospectiva invierte el camino tradicional de la planificación, utiliza escenarios posibles para la toma de decisiones y destaca las consecuencias de las opciones seleccionadas. La década de los 60 se caracterizó por una gran difusión y proliferación de los estudios sobre el futuro. Francia lidera esta preocupación con Gastón Berger y Bertrand de Juvenal a la cabeza de instituciones de investigación. A ellos se unen Herman Kahn y Alvin Toffler en Estados Unidos y se consolida en el Club de Roma que alerta sobre los peligros de un desarrollo no planificado definiendo el concepto de desarrollo sustentable. La prospectiva aporta información global que orienta en mejor forma el proceso de planificación estratégica, para luego definir cuáles serían el o los escenarios que se presentarán en el futuro, contribuyendo de esta manera a disminuir la “incertidumbre y el desconocimiento” que, en este tipo de procesos, puede condicionar el grado de libertad de acción. Este análisis es válido para cualquier institución que pretenda conseguir objetivos determinados a mediano y largo plazo. Los estudios prospectivos y sus métodos de aplicación, por consiguiente, son cada vez más necesarios para ayudar a establecer las grandes orientaciones y esclarecer los antecedentes que servirán para tomar las decisiones que competen al Organismo de que se trata. En suma, el análisis prospectivo busca esclarecer la elección de acciones que se deben iniciar en el presente, a la luz de los futuros posibles, conduciéndonos a la materialización de aquellas actividades que permitan descartar amenazas, aprovechar oportunidades, reducir debilidades y reforzar fortalezas, con el fin de alcanzar los objetivos deseados, con menores dosis de riesgos e incertidumbres. La prospectiva no es una disciplina que pueda predecir el futuro, ni siquiera revelarlo como si fuera algo que está escrito de antemano, pero si es capaz de entregarnos las herramientas para visualizar un futuro, deseable o no, que nos permita eludir los efectos provocados por la incertidumbre de adaptarse a un futuro que no hemos preparado. En el presente, con el dominio de la cibernética, la informática y los constantes avances tecnológicos, por una parte, el futuro es más complejo por la gran cantidad de factores que intervienen, pero por otra, nos entrega herramientas valiosas para imaginar los posibles escenarios en que dichos cambios se producirán. En otras palabras, no nos es posible controlar el futuro, pero si se puede con nuestra voluntad cambiar el curso de la historia. Esta influencia determinará un equilibrio entre lo que queremos y lo que es posible alcanzar. Ello permitirá generar políticas a largo plazo, estrategias, planes de acción y de desarrollo que ayuden a configurar estas futuras circunstancias.

Fundamentos de la prospectiva

Para comprender los alcances de los estudios prospectivos, es necesario señalar que el futuro puede ser visto de dos maneras. Como una realidad única o como una realidad múltiple. El futuro visto como una realidad única pertenece al campo de la adivinación, la profecía, el destino, la voluntad de Dios, la fatalidad. Esta manera de ver las cosas implica la existencia de un destino que decide y marca los hechos de la vida, destino que es ciego e inmodificable. Constituye la concepción clásica del futuro. Desde otro punto de vista, si vemos el futuro como una realidad múltiple, debemos admitir que no existe uno, sino muchos futuros frente a una situación presente. Esta tendencia implica que un hecho del presente puede evolucionar de diversas maneras y presentarse de distintas formas en el futuro, el que es múltiple e indeterminado; en consecuencia, tanto el futuro como los grados de libertad de la acción humana se explican mutuamente. El fundamento de la prospectiva está, por consiguiente, en el concepto de que “el futuro no está escrito, está por hacerse”.

Definición de prospectiva

Una definición comprensiva de los diversos elementos que distintos autores estiman como esenciales propuesta por el Mayor del Ejército chileno don Sergio Horta Gallardo, en un ensayo titulado “La prospectiva y su aplicación en el proceso de toma de decisiones en el nivel estratégico, sería la siguiente: “La prospectiva constituye aquella disciplina que a través de una investigación metódica, mediante el uso de técnicas y métodos científicos, permite el estudio sistemático del pasado, presente y futuro con la finalidad de estructurar escenarios a largo plazo, a partir de los cuales se puedan planificar las acciones en el presente que permitan anticiparse a los cambios y tomar las medidas que sean necesarias, en beneficio de la misión asignada a una organización”. Por nuestra parte, preferimos definiciones más simples como la de Gastón Berger, uno de los fundadores de la disciplina, director del Centre Internacional de Prospective en France: “la ciencia que estudia el futuro para comprenderlo y poder influir en él”, o la de la OCDE, organismo de Naciones Unidas que estudia el Comercio y el Desarrollo, de la que Chile será parte en los próximos meses: “el conjunto de tentativas sistemáticas para observar a largo plazo el futuro de la ciencia, la tecnología, la economía y la sociedad, con el propósito de identificar las tecnologías emergentes que probablemente produzcan los mayores beneficios Económicos”.

El escenario prospectivo

Constituye una imagen de futuro de carácter conjetural que supone una, descripción de lo que pasaría si llegase a ocurrir. Es un método que reúne en sí, la aplicación de una serie de técnicas prospectivas, destinadas a describir una situación futura y la secuencia o camino de eventos con una cierta coherencia que permiten pasar de la situación de origen, a la situación futura. El método de escenarios posee la característica de presentar varias alternativas futuras, así como los problemas y oportunidades asociadas a ellas, teniendo en cuenta los objetivos basados en el estudio, las acciones posibles para remediar los problemas o sacar ventaja de las oportunidades, y finalmente, las consecuencias posibles de las acciones, teniendo en cuenta la gama de los escenarios previstos, en función de los objetivos adoptados. Un escenario no es la realidad futura, sino tan sólo un medio para representarla con vistas a iluminar la acción presente a la luz de los futuros posibles, sean éstos deseables o no, que permita dirigir los esfuerzos para el logro del objetivo propuesto, a pesar del constante cambio del medio externo. El objetivo de este método no es únicamente el de eliminar costos de incertidumbre, sino el de intentar prever los posibles cambios del medio que afectarían a la búsqueda de una solución estratégica, a través de la formulación de hipótesis, con el objeto de idear cursos de acción que transformen el problema del cambio en una oportunidad. Los autores distinguen dos tipos de escenarios: los escenarios probables y los escenarios alternos. Los escenarios probables son los obtenidos a través de las técnicas de previsión o “forecasting” que están basadas en los principios de previsión y, por lo tanto, buscan identificar y calificar tendencias. De allí que también sean conocidos como “escenarios tendenciales” (método Delphi) Un escenario así estructurado, es determinista en la medida en que nos arriesgamos a prever situaciones que todavía no han acontecido. Suele ser el fruto del empleo de técnicas fundadas en las leyes de probabilidad matemática que si bien son más precisas que la simple regresión y proyección, están expuestas a errores e imprecisiones. La importancia de este tipo de escenarios radica en que permiten suministrar un cuadro de referencia a la elaboración de la planificación estratégica y muestran la evolución que puede seguir un sistema sin intervención externa. Los escenarios alternos, llamados así porque nos señalan otras situaciones en donde nos podríamos encontrar, tienen su fundamento en el hecho de que el futuro es construible más que previsible, lo que quiere decir que además de lo probable existen otras alternativas que podríamos explorar. Estos escenarios pueden a su vez ser clasificados en escenarios contrastados y escenarios normativos. El primero de ellos, busca presentar de una manera crítica, una imagen probable, para explorar las condiciones del sistema en las situaciones más desfavorables: constituye el escenario pesimista o escenario negativo. El escenario normativo u horizonte, en cambio, trata de presentar una imagen ideal a alcanzar, esto es, una escenario deseable u optimista. La riqueza de un ejercicio prospectivo reside en la detección y diseño de escenarios alternos, puesto que el escenario probable nos indicaría para donde vamos, pero esto, no necesariamente es hacia dónde queremos ir. Los escenarios alternos, nos señalan que existen además otros rumbos y caminos cuyos análisis nos facilita escoger uno, sea éste deseable o no. El definir un escenario futuro lleva consigo el diseño de un escenario probable y de uno o más escenarios alternos, contribuyendo a identificar y comparar las variables que gravitará en el largo plazo, permitiendo accionar sobre aquellos hechos portadores de futuro que realmente transformen la organización. El diseño de un escenario, nos permite identificar variables sobre las cuales accionar para alcanzar ese futuro, evitando ser sorprendido y estar en constante reacción frente a los cambios que impone el medio, producto del constante cambio del horizonte estratégico. El construir escenarios nos ayuda a clarificar metas utilizando teorías, conceptos e información acerca de la interacción de la organización y su entorno. Ayuda a romper con las ideas preconcebidas, teorías y pensamientos estereotipados, como los que se relacionan con la versión tendencial del futuro. El diseño de escenarios no reemplaza el proceso de planificación a largo plazo, sino que permite identificar a dónde se quiere llegar, desde donde se parte y con qué medios o recursos se va a lograr.

Bases teóricas e instrumentos para una acción prospectiva

Hoy en día los estudios prospectivos son una necesidad y los gobiernos y las instituciones han diseñado programas y organizado grupos de trabajo para realizar este análisis. Así en Francia, por ejemplo, los estudios prospectivos territoriales tienen más de 20 años de antigüedad y constituyen un valioso instrumento para la planificación territorial. Lo mismo se ha hecho efectivo en países como Venezuela y Colombia. El Gobierno de Chile, también ha incorporado los estudios prospectivos en programas del Ministerio de Agricultura. Es interesante anotar que el ILPES (Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social) ha elaborado un valioso instrumento a este respecto titulado “Manual sobre Prospectiva y Decisión Estratégica para América Latina y El Caribe que es “un esfuerzo de síntesis analítica, conceptual, operativa e instrumental sobre los fundamentos teóricos y prácticos que sustentan la construcción del futuro, la visión de la transformación productiva y la transición hacia una sociedad y economía del conocimiento”.

Conclusiones

Ninguna institución, sea el Gobierno, una empresa o una Corporación que persiga fines meramente sociales, puede dejar de pensar en el futuro para adecuar sus decisiones. Hay muchos elementos a considerar, el factor político internacional, el avance tecnológico, que comprende desde la medicina hasta el transporte pasando por las comunicaciones, organización del trabajo etc., etc. Elemento importante en esta consideración es la globalización, que se traduce en una comunicación permanente y una influencia creciente de unos hechos por lejanos que parezcan. Tengamos presente, por ejemplo, la actual crisis bursátil cuyo alcance y profundidad aun no conocemos y que partió con la morosidad de algunos deudores hipotecarios en los Estados Unidos. Es obligación de estas instituciones, en consecuencia, estar atentos al acontecer mundial en la amplia gama de actividades, disciplinas y tendencias que conforman el quehacer humano, en un continuo proceso de estudio y procesamiento de la información de que disponemos utilizando las técnicas de investigación que el conocimiento pone a nuestra disposición. Este trabajo cumpliría su objetivo si despertara la inquietud de los hermanos por pensar el futuro y de esta manera influir en él. No olvidemos que es nuestro deber encontrarnos en un lugar de avanzada en el proceso evolutivo e integrador del hombre y de la sociedad.

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